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Con toda la emoción y el respeto

feb 01, 08 Con toda la emoción y el respeto

HOMENAJE CORDOBES A ATAHUALPA YUPANQUI A CIEN AÑOS DE SU NACIMIENTO.

Fue en Cerro Colorado, donde vivió. Hubo 8.000 personas y actuaron Jairo, Juan Falú y Juan Saavedra. Por:  Gustavo Molina
Fuente: CORDOBA. CORRESPONSAL

Aquí canta un caminante, que muy mucho ha caminado; y ahora vive tranquilo, en el Cerro Colorado”; así reza la Chacarera de las piedras, esa oda que don Atahualpa Yupanqui le hizo a su lugar en el mundo, en el norte cordobés.

Y en ese mítico cerro que le dio cobijo más de una vez al payador perseguido, el miércoles se reunieron unas 8.000 almas para rendirle homenaje en el 100ø aniversario de su nacimiento.

El Coya Chavero venía masticando desde hace meses la idea de un reconocimiento a su padre, lejos de imaginar la multitud que viajaría al Cerro Colorado a compartir esta movida. Rápidamente, Santos -titular de la Agencia Córdoba Turismo y uno de los impulsores del Año Yupanquiano- convocó a Jairo, y éste llamo a sus amigos Juan Falú y Juan Saavedra, quienes dieron el sí al homenaje a Don Ata.

Y así se armó el recital que a las once de la noche del miércoles esperó la llegada del cumpleaños 100 de Atahualpa Yupanqui.

Al pie del imponente Cerro Co lorado se armó el predio, y en el que la voz privilegiada de Jairo, la guitarra virtuosa del tucumano Falú y el bailarín de los montes rindieron un tributo inolvidable.

A las 23.30, el presentador Miguel Angel Gutiérrez -uno de los máximos conocedores del folclore- anunció el show tan esperado. Juan Falú acompañado de su guitarra daba forma a una Obertura, mientras miraba a un Jairo que brocha en mano, daba pinceladas a un lienzo que a los pocos minutos descubriría un retrato de don Atahualpa Yupanqui.

Camino del indio fue la primera de las veinte canciones que durante una hora y media cautivarían a un público llegado desde los cuatro puntos cardinales, incluso gaúchos del sur de Brasil, difusores de la obra yupanquiana.

Yo quiero un caballo negro, el popular El arriero va, Danza de la paloma enamorada y Fin de la zafra fueron el arranque de un show emotivo. Con Viene clareando, cantada por Jairo con la voz y guitarra de Yupanqui de fondo, apareció Juan Saavedra y su ballet.

A la medianoche, La finadita anunció el cumpleaños de Atahualpa. Le siguieron Piedra y camino, Los ejes de mi carreta y la Melodía del adiós, con Juan Saavedra bailando solo y la gente haciendo palmas y de pie.

Uno de los momentos más celebrados fue cuando Jairo parado al borde del escenario comenzó cantando bajito las estrofas de Trabajo, quiero trabajo: “Cruzando los salitrales, uno se muere de sed; aquello es puro desierto, Y allí no hay nada que hacer”. El público haciendo un gigantesco coro acompañó cantando: “Trabajo, quiero trabajo, porque esto no puede ser; no quiero que nadie pase, las penas que yo pasé”.

Falú, fiel a su estilo cautivó a la gente con El bien perdido. Los hermanos, ese himno que ya no le pertenece a Yupanqui, sino al inconsciente popular argentino anunciaba el principio del fin. Un trío compuesto por Falú, Jairo y su hijo bombisto hicieron una delicada versión de La olvidada, a la que Juan Saavedra le sumó la magia de su baile.

El cierre fue con fuerza. El alazán, La añera y La chacarera de las piedras hicieron cantar y bailar a todo el Cerro Colorado. Y Luna tucumana fue el final del primero de los homenajes que le harán a Don Ata a lo largo del país.

Fuente: Clarín
Viernes 1 de Febrero de 2008
http://edant.clarin.com/diario/2008/02/01/espectaculos/c-01401.htm