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Cuentos enamorados (Crítica del CD “Enamorados” diario “Crítica”)

feb 16, 10 Cuentos enamorados (Crítica del CD “Enamorados” diario “Crítica”)

No estaría nada mal que las dos décadas de unión compositiva que ya llevan Jairo y el periodista y escritor Daniel Salzano hayan tomado forma definitiva en Los enamorados. Es que la idea de organización y ejecución del material, expuesta en el flamante disco –un logro que acaso sería injusto ceñir a los meros los límites de un álbum– da la impresión de que estos compadres cordobeses han logrado aquí una muestra exacta de cómo puede funcionar la dupla. Y también de qué manera debe hacerlo. Desde Cielos (de 1994, y primer disco con mayoría de letras de Salzano), el letrista y el músico vienen enlazando crónicas urbanas con baladas, tiroteos o situaciones amorosas con rancheras, cuentos de bellos perdedores y otras cuestiones.

Todo con el tratamiento musical que cuadre. Y siempre de modo armónico, con el eclecticismo de las letras de Salzano actuando como disparador irremediable de la variedad de ritmos y melodías de las que la vena compositiva de Jairo es capaz. Los textos del poeta, a veces inscriptos en la metafísica barrial (recordar aquella incipiente “Revolver”, de 1990, protagonizada por un Carlos Gardel fantasmal), nunca metidos en algún atascadero formal del que no se pueda salir huyendo para adelante, y casi siempre dotados de un mismo espíritu narrativo –el de contar historias– encuentran en Jairo un compañero calibrado a su medida; como compositor y, por supuesto, como intérprete.

Siempre en ese sentido, tanto Balacera (1999) como Ferroviario (2004) fueron ajustando los tientos –interrumpidos por el notable Criollo, de 2007, en donde Jairo volvió a grabar piezas folclóricas tradicionales– hasta llegar a éste Los enamorados, que muestra un balance  ejemplar de materiales, con la melancolía como eje impostergable. Algo que no es original en la dupla, como tampoco lo es lo autobiográfico (“Marido y mujer”, “Lucía se va”, “Venime a buscar”), la crónica social, burlona o triste (“Los boxeadores del Barrio Chino”, “Dakota Gómez”, la notable “Romance del chulo viejo” y “Pepé Bombón”, “Caracortada”) o lo confesional (“Me encanta esta hora del día”, de gran estribillo; “Malavida”) que el álbum transpira.

Pero sucede que, a estas alturas, todos esos elementos funcionan no sólo como elecciones formales sino también como una toma de posición, una manifestación de conciencia. Éstas son nuestras canciones, parecen decir Jairo y Salzano, y desde allí parten inmediatamente con ellas a buscar cómplices. Porque comprendieron que así, trabajadas desde su amistad y su profundo conocimiento, pulidas por el cantante y todos sus músicos (autores en conjunto de los arreglos), con una colección de valiosos invitados a su servicio (Osvaldo Príncipi, Juan Leyrado; Ciro Fogliatta, Juan Cruz de Urquiza y Franco Luciani entre los músicos) y una gran producción de Yaco González detrás, es como mejor saben unirse a la indisimulable nobleza que hay en el fondo de todo, sin dejarse vencer por formalismos estéticos –o estáticos– ni ataduras genéricas o rítmicas. En todo caso, un riesgo inocente que, por si hace falta, disipa de toda duda la potente, hermosa voz de Jairo. Tan capaz de hacernos creer –escondida en su simpleza– cada uno de estos simpáticos cuentos de amor, de locura y de muerte.

Por MARCELO PAVAZZA