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1970 a 1980

Sus primeros pasos en España, con Nuevo repertorio y un flamante seudónimo: JAIRO. El origen bíblico del nombre. En el capítulo IV de la “Vida pública del señor”, del Evangelio según San Mateo aparece citado de la manera siguiente:

… estando todavía en la ribera del mar, vino en busca de Jesús uno de los arquisinagogos, llamado Jairo, el cual luego que le vió se arrojó a sus piés, y con muchas instancias le hacía ésta súplica: mi hija está en las últimas, ven y pon tu mano sobre ella para que sane y viva. Fuese Jesús con él [...] llegaron de casa del jefe de la sinagoga a decirle a éste: murió ya tu hija, ¿para qué cansar en vano al Maestro?. Mas Jesús, oyendo lo que decían, dijo al jefe de la sinagoga: no temas, ten fe solamente [...] y entrando les dice: ¿De qué os aflijís tanto y lloráis? la muchacha no está muerta, sinó dormida. Y se burlaban de él, sabiendo bien lo contrario. Pero Jesús [...] entró adonde la muchacha estaba acostada y tomándola de la mano, le dijo: “Talitha, cumi”; es decir: muchacha, levántate, yo te lo mando. Inmediatamente se puso en pié la muchacha y echó a andar [...] Jesús les mandó que procuraran que nadie lo supiera; y dijo que diesen de comer a la muchacha.

1975-1978

Boris Vian escribió: “Especie de permanente comentario sobre la existencia bajo sus distintas formas, la canción encuentra su lugar en todas partes. Cantamos en los bautismos, en las bodas y en los entierros. Cantamos al despertar, al mediodía o al anochecer bajo la ventana de una desconocida. Nos hacemos matar cantando, cantamos victoria y nos cantan un requiem en la hora de nuestra muerte”.

1977-1980

Llegada a Francia. Su presentación en el Olympia de París. Su encuentro con grandes de la “Chanson Française y la grabación de sus primeros discos en francés. “Hay puntos en el globo, espacios en un valle, laderas en las colinas, confluentes de ríos que tienen una función. Se combinan para crear un pueblo. En esa soledad existe una atracción, allí se detiene el primer pionero. Una cabaña es suficiente a veces para poner la larva de una ciudad. A esa ciudad en germen, el clima la incuba. La llanura es madre, el río es nodriza. Eso es viable, eso es posible, eso crece. A ciertas horas, eso es París”.

Víctor Hugo

1970-1974
Habían pasado un puñado de años entre su primera llegada a Buenos Aires y su partida a Madrid. En ese tiempo hubo un espacio para el asombro y otro aún mayor para la duda.  Una candorosa forma de orfandad nacida de su relación conflictiva un medio del que no supo descifrar el método.
Nunca había hecho un viaje en avión tan largo. amanecer. Llegó a España el 10 de agosto de 1970 y ni bien desembarcó se metió de lleno en todo lo inherente a la grabación.

En la parte musical, el encargado de los arreglos sería César Gentili, a quien ya conocía a través de las grabaciones de Luis Aguilé y de Alberto Cortéz.

Para preparar la producción del reportaje fotográfico, me llevaron de compras al barrio antiguo de la ciudad, conocido como el Madrid de Los Austria. Un traje de terciopelo azul del más puro estilo “Gustavo Adolfo Becquer”, una camisa de torero, un pañuelo a modo de corbata con una perla en el centro. El look, algo extravagante, era una idea del fotógrafo Gigi Corbetta. El eslogan que acompañó su lanzamiento estaba cantado: “El último romántico”.

Un mes y medio más tarde, se editó su primer disco en España. El título lo puso el propio Aguilé: “Emociones” y su distribución alcanzó también a Latinoamérica, donde algunas de las canciones que integraban ese primer volumen alcanzaron el éxito; sobre todo en Venezuela, Costa Rica y Chile.

Los festivales eran en los años `70 un recurso válido y expeditivo para darse a conocer. Su primer paso en España, Jairo lo dió participando en el Festival Internacional de la Costa del Sol, en Torremolinos, uno de los sitios turísticos más importantes de España. La canción se llamaba “Javier y Paloma”, y obtuvo el segundo premio y el Premio de la Crítica. Fue una inmejorable entrada en materia.

En 1971 viaja por primera vez a Venezuela, donde “Tu alma golondrina” encabezaba todas las listas de éxitos. Luego de un breve paso por Buenos Aires, regresó a España para presentarme en otro festival, esta vez en Alcobendas, muy cerca de Madrid. Allí, el tema “María Serena” se llevó todos los premios en disputa. De ese modo completó el efecto Torremolinos, pues en un país centralizado como era la España de entonces, la cercanía de Alcobendas con la capital española le favoreció en el contacto con los medios de difusión más importantes.

Aquellos primeros discos lograron instalar cierta expectativa en torno a sus posibilidades futuras. Esto se confirmó plenamente con “Por si tu quieres saber”, que alcanzó un éxito notable; trepó hasta el Nº 1 de todas las listas de éxitos, entre ellas, la de Los 40 Principales, emitida para toda España por la Cadena Ser.

La compañía discográfica Ariola Eurodisc había llegado para instalarse en España desde Alemania y lo incorporó a su plantel inicial de artistas “locales”, integrado también por Joan Manuel Serrat, Peret, (“rey” de la rumba catalana); el talentoso Camarón de La Isla y  Camilo Sesto.

Una vez calmada la euforia por el primer éxito, Ramón Segura, director de la compañía, propuso que el productor de su siguiente disco fuese Manuel Alejandro. Así se grabó “Si vuelves será cansancio”, con arreglos de Eddy Guerin.

1975-1978
En esos meses llegó a Madrid María Elena Walsh, con quien compone varias canciones. Una de ellas, “El valle y el volcán” con arreglo y producción de Juan Carlos Calderón, sería su anhelada primera carta de triunfo en Argentina y un éxito importante en varios países de habla hispana.

María Elena forma parte de esa raza tan especial que son los cantautores. Dentro de ese estilo, el máximo ídolo de Jairo es el belga Jacques Brel. Cuando llegó a Madrid lo hizo con lo puesto: por no tener, no tenía ni guitarra.  Lo primero que hizo fue cumplir con un deseo personal: conocer a Alberto Cortéz, de quien además era vecino. El pampeano tenía una colección completa de los discos de Brel y una guitarra flamante del luthier Andrés Martín. Cada vez que iba a su casa, despuntaba el vicio en el noble instrumento y de paso escuchaba a un Brel explicado y traducido simultáneamente por Renata (la mujer de Cortéz, que es belga) y el propio Alberto.
En esa casa conoció a Patxi Andión, legítimo predecesor de Joaquín Sabina.

En esa época, Jairo no dimensionaba en su justa medida la lucha que en España libraban los artistas en salvaguarda de su identidad cultural. Empezó a tomar conciencia de ello cuando conoció a Lluis Llach, el más representativo (y con el valenciano Raimon quizá el más convocante) de los miembros de la Nova Cançó Catalana, movimiento amasado en la tradición juglaresca de las aldeas pirenaicas de los valles de Lleida y enraizada en Barcelona.

Los cantantes españoles siempre fueron valorados en Argentina; pero ninguno logró el nivel de idolatría alcanzado por Joan Manuel Serrat. A partir de su influencia nacieron muchas vocaciones. Se le siente cercano, como a un amigo de toda una vida. Acomodó como nadie la influencia de la canción francesa (y de Brel en particular) a un idioma y una idiosincrasia diferentes, superando una idea tendiente a buscar para su barrio un lugar en el mundo.

En las emisoras de radio sonaba todo el día la voz de Víctor Manuel, una voz impregnada de las reverberaciones de las minas de su Asturias natal. Los cantautores expresaban tiempos difíciles: Paco Ibáñez estaba prohibido en España, pero sus canciones llegaban por el aire – vía Radio Andorra – y sus discos por carretera – vía Perpignan -. La censura operaba sistemáticamente contra aquellos artistas que se atrevían a ponerle banderillas de fuego al toro oficial, acostumbrado al sostén de los burladeros más conservadores.

Cuando Jairo grabó “Señora de Juan Fernández” (Facundo Cabral), que podría integrar un catálogo de picaresca juvenil, fue prohibida de difusión.

En una oportunidad, en la bellísima San Sebastián le obligaron a interrumpir su actuación y regresar al hotel escoltado por la guardia civil. El mayor de los Mora y Aragón vociferaba que se había ganado a pulso su expulsión de España. Dodero, un agente artístico del país vasco presentó ese mismo fin de semana, tres artistas que tuvieron problemas con las autoridades: J.M.Serrat en Pamplona, Patxi Andion en Bilbao y Jairo en San Sebastián. Con Rosa León actuó una noche en el teatro Lope de Vega de Sevilla con los guardias civiles en los palcos y los estudiantes en la platea. Eran los estertores finales del régimen surgido de la más ideológica de las guerras del siglo XX.

Solía charlar sobre esto con el musicólogo Joaquín Díaz, con quien, además de comer en el mismo restaurante todos los días, tenía una amiga en común: Cecilia. La cantautora de finos modos y desconcertante naturalidad que en sus textos satirizaba a los nuevos-ricos que movían sus posaderas en el mullido sillón que les había tocado en el reparto de la post -guerra. Su trágica muerte lo golpeó fuerte.

Dentro del estilo de los cantautores, María Elena Walsh y Jacques Brel pertenecen a la especie de los “tricéfalos”: autores-compositores-intérpretes. Archivan poemas y canciones en compartimentos separados. Cuando Jairo le comentó que le había puesto música a “Vidalita porteña”, comprendió que había abierto el archivo equivocado. Se trataba de un poema y no de una letra de canción. “La Vidalita…” muestra uno de los aspectos más nobles que posee el estilo: su carácter testimonial, y contiene una bella metáfora sobre el exilio: “Parece mentira, pero que desastre / es ver que las hojas se van de los árboles. / Estas cosas pasan, cualquiera lo sabe / los otoños son unos criminales.”
Durante aquellos años, sobresalía la labor de algunos artistas argentinos en España, entre ellos estaban Waldo de Los Ríos, Facundo Cabral, Alberto Cortéz, Luis Aguilé y el propio Jairo.

Ya llevaba un tiempo largo trabajando con el catalán Juan Giralt como pianista y con Ramón Villar, que de baterista del grupo pasó a ser, primero el road manager, y luego, su representante.

JLB
“…Como arquisinagogo, Jairo era un iluminado. Usted también se llama Jairo y tiene una voz cristalina. Su nombre debería ser: “Jairo, el iluminado”.

Fueron las palabras que me dijo Jorge Luis Borges cuando le presentaron a Jairo en 1975. Fue en Buenos Aires, un privilegio de que equivalía a una cita con García Lorca en Granada. En aquel encuentro, el poeta ciego hizo un elogio público del trabajo realizado sobre sus poemas.

Miguel Angel Merellano, Hilde Fisher y la Editorial Lagos, fueron el alma mater de “Jairo canta a Borges”, trabajo concretado en 1975. El primer paso fue enviar a doce compositores algunos poemas de Borges para que ellos los musicalizaran. Jairo figuraba entre ellos y se inclinó por “Buenos Aires”.

Terminada la música, envió la partitura acompañada de una cassette en la que estaba grabada la canción cantada por él. Después de oirla, le hicieron llegar la idea de grabar en un solo disco el conjunto de las canciones. Luego de un breve periodo de pre-producción, comenzó la grabación con Ricard Miralles al frente de la parte musical.

“Jairo canta a Borges”, un disco contra el tópico”, tituló Rosa María Pereda en su crónica publicada en el diario El País (España).
En la Argentina el trabajo se encontró con un obstáculo imprevisible: se editó poco tiempo antes de la instauración de la dictadura militar y esa coincidencia le fue fatal. El gobierno de facto puso en práctica inmediatamente una feróz censura  y el disco se vió prohibido de difusión. En la discoteca de una radio de Mar del Plata le mostraron un ejemplar del disco con el vinilo completamente rayado en zig zag con un grueso clavo.

1977- 1980
Corría el mes de Abril de 1977 cuando lo llamaron por teléfono desde Buenos Aires a su casa de Madrid. La pregunta que le hicieron lo dejó boquiabierto:

–Jairo… ¿Te gustaría cantar en el Olympia de París?
–Claro que sí, ¡Cómo no me va a gustar! ¡ A nadie le amarga un dulce!– respondió.
–Mira, es a partir del 12 de Junio. Ya está contratada Susana Rinaldi y quieren completar el programa con un cantante masculino– dijo la voz del otro lado de la línea.

Nada menos que doce recitales en “le  plus célebre Music Hall du monde”, como se autodenomina el Olympia en sus programas de mano.
Inmediatamente se puso a reunir material de prensa, discos, etc. Ricard Miralles accedió a escribir algunos de los arreglos musicales que llevaría a París.

Todo fue muy rápido. Conociendo la histórica inclinación de los artistas españoles por París, le llamó la atención que al mencionar sus futuras presentaciones allí, a los directivos de Ariola Eurodisc no sólo no se les moviera un pelo, sino que de algún modo hasta intentaran desalentarlo. Afortunadamente no lo consiguieron. Soplaban vientos favorables que lo ponían al abrigo de cualquier forma de escepticismo.  
Llegar a París desde cualquier punto del globo, es recuperar la sensación del provinciano que descubre la gran capital. El empresario Bruno Coquatrix presentó en el Olympia una serie de espectáculos “diferentes”. El título elegido fue “La hora Sudamericana y africana”.
La noche del debut fue inolvidable; en primera fila se encontraba uno de sus ídolos: Julio Cortázar.

Entre las nuevas canciones incorporadas a su repertorio estaba “A la Claire Fontaine” (“La Clara Fuente”), casi un himno-bis de Quebec (Canadá) en una magnífica adaptación al castellano de María Elena Walsh. La cantó a capella y ese simple gesto causó tal impacto que a partir de entonces tuvo que repetirlo para siempre. Una vez finalizado el espectáculo, Bruno Coquatrix pidió la grabación de su actuación para sumarla a su colección personal. Era un buen augurio.

En la segunda semana, el embajador de Argentina en Francia ofreció una recepción a los miembros de la compañía. El no fue porque pensó que no hubiera sido ético manifestar por un lado contra la dictadura instalada en su país y por el otro aceptar la invitación de uno de sus embajadores. Ese gesto le valió la indiferencia de la representación diplomática argentina durante todo el tiempo que residió en París. Eso cambió con la llegada del gobierno democrático en 1983.

El agente Roland Ribe se ofreció para hacerse cargo de una eventual carrera suya en Francia, y para mostrarle la seriedad de su propuesta, una noche invitó a presenciar el espectáculo a gente vinculada con la industria discográfica. La mayoría de ellos pertenecía a empresas multinacionales; sin embargo fue un productor independiente, Jean Marc Berger (IB Records) quien le propuso el contrato más ventajoso.

Las dos semanas vividas en París fueron sorprendentes. Fue tanto el entusiasmo a su alrededor, que regresó a España con la sensación de que lo más importante aún estaba por venir. Intentó contagiar ese estado de ánimo a los directivos de Ariola Eurodisc en Madrid; pero ellos seguían aferrados a la idea de la inviabilidad de un proyecto “español” en Francia. Vista la actitud intransigente adoptada por la gerencia, negoció su desvinculación de la compañía.

Con la carta de libertad bajo el brazo, regresó a París donde concluyó las negociaciones con los franceses. Renaldo Cerri fue su productor, y los arregladores musicales fueron Jean Claude Petit y Alain Gorraguer.

La principales canciones de esa primera grabación fueron “Liberté”, el poema de Paul Eluard al que Jairo había puesto música, y “Es la nostalgia”, una de las canciones que había cantado en el Olympia.

Fue importante la decisión de los productores de hacerle cantar en francés desde el primer momento. De no haberlo hecho, su radio de acción se hubiese limitado al público “hispánico” o a aquellos interesados en la música folclórica latinoamericana. Además de las mencionadas, incluyó en ese primer disco “Mon amour aux quatre saisons”, compuesta en colaboración con Charles Aznavour.

La canción elegida como primer corte de difusión fue “Es la nostalgia”. A los pocos meses se habían vendido ya varios cientos de miles de ejemplares. El éxito terminaba dándole la razón y justificaba largamente la decisión de ir a grabar a Francia.
Una radio cordobesa pasa una canción de Mireille Mathieu.
–Tiene algo de Edith Piaf , no?–  le comenta Elio Trotta, y luego de una breve pausa deja caer una frase que en ese momento le sonó desmedida pero que a la sazón resultaría premonitoria:
–Si yo tuviera plata te llevaría a cantar a Francia; estoy seguro que allí triunfarías.
Jairo  tenía 16 años.

Lo sucedido en 1977 refrescaron la anécdota. ¿Quién podría haber afirmado entonces que su nombre figuraría en la programación del Olympia de París en ocho temporadas? ¿O que sería el invitado de Sapho cuando la cantante franco-marroquí dió sus recitales en el mismo escenario?

También lo hizo en un homenaje a Bruno Coquatrix al año de su muerte y cuando se transmitió desde allí el Hit Parade de RTL y “Les Jardins du ciel” (“Nuestro amor será un himno”) trepaba al número 1 de la lista de éxitos.

La salida de los discos no siempre se desarrolla como uno quisiera. Y más aún si se trata de un artista desconocido como yo y de su primer disco en el Mercado francés. Cuando su primer disco encontraba cierta resistencia en las oficinas de programación de las radios más importantes, su primera aparición en la televisión jugó un papel fundamental. Fue en el “Numero Un” dedicado a Nana Mouskouri y el impacto fue inmediatamente reflejado en la prensa y a partir de ahí “Es la nostalgia”  tuvo una difusión sostenida en la mayoría de emisoras.

En su edición del lunes, el diario parisino France Soir, publicó en un recuadro de su página de espectáculos el siguiente comentario:
Aussitòt après son premier passage à la télévision, samedi soir dans le -Numero Un-de Nana Mouskouri, les téléphones n’ont cessé de soner à TF 1.

Jairo, en une chanson -Es la nostalgia- et un duo avec Nana Mouskouri -Coucouroucoucou Paloma- venait de se révéler au grand public, qui voulait savoir qui il était, d’ou il venait et quand on le reverrait sur les antennes.

Jairo est Argentin, avec des yeux de feu et une voix faite pour les ballades. Guitariste à la sensibilité aigue, il a remporté plusiers prix, avant de triompher a l`Olympia; au printemps dernier. -Une élégance née, et surtout, surtout, une voix rare-, écrivait alors Jacqueline Cartier dans sa critique.
Il á de moins en moins le temps d´assouvir sa deuxiéme passion: la peinture. Jairo va participer au Show Charles Aznavour, enregistré à Genéve pour une diffusion pendant les fétes de fin d’ année. Mais les téléspectateurs français le reverront bien avant. A peine le Numero Un était-il achevé que tous le réclaimaint: Jacques Martin, Michel Drucker.

Traducción

Inmediatamente después de su primer paso por la televisión, el sábado por la noche el -Numero Un- de Nana Moskouri, los teléfonos no han cesado de sonar en TF1.

Jairo, en una canción -Es la noistalgia- y un dúo con Nana Moskouri -Cucurrucucú Paloma- se revelaba al gran público, que quería saber quien era, de donde venía y cuando volverían a verlo en las antennas.

Jairo es argentino, con ojos de fuego y una voz hecha para las baladas. Guitarrista de aguda sensibilidad, ha Ganado varios premios antes de triunfar en el Olympia; en la primavera pasada. -Una elegancia nata, y sobre todo, sobre todo, una voz rara-, escribió entonces Jacqueline Cartier en su crítica.

Cada vez tiene menos tiempo para dedicar a su segunda pasión: la pintura. Jairo va a participar en el Show Charles Aznavour, grabado en Ginebra para una diffusion durante las fiestas de fin de año. Pero los telespectadores franceses lo volverán a ver antes. Apenas el Numero Un acabó que todos lo reclamaban: Jacques Martin, Michel Druker.

El “Numero Un” fue un programa que gozó de una vida prolongada, sus productores, Maritie y Gilbert Carpentier formaron parte de la historia grande de la television francesa, y basaron su programa en una formula muy sencilla: cada sábado por la noche un intérprete reunía en torno suyo a varios colegas afines a su estilo o imagen.

Después de aquella primera aparición fue invitado a otros programas del ciclo (Claude François o Jean Claude Brialy) y seis meses después, en lo que productores consideraron como un auténtico récord, presentó su propio “Número Un”. En ese momento, su disco ya era un gran éxito, de manera que, con el sostén de un entorno eufórico, esa noche le acompañaron: Marie Paul Bélle; Gerard Lenorman; Sacha Distel, Nana Mouskouri; Charles Trenet y Thierry Le Luron, “l´enfant terrible” del show bussines francés, que con su talento elevó a los imitadores al rango de estrellas. El pianista que lo acompañaba era un joven rubio y lánguido que comenzaba a tener un gran éxito internacional: Richard Clayderman.

En un corto periodo de tiempo había tenido la oportunidad de conocer a grandes personalidades de la canción francesa; sin embargo, su mayor anhelo era encontrarse con el gran maestro del género: Charles Trénet.
De habérselo propuesto, Trénet (1913-2001) podría haber reclamado para sí la paternidad de la  Chanson Française. Nadie hubiera juzgado desmedido su gesto.

Jacques Brel dijo de él: “de no haber existido Trenet, todos nosotros (los cantantes y autores) hoy seríamos viajantes de comercio”
Cuando Jairo sugirió su nombre para invitarlo a mi “Numero Un”, le advirtieron de la dificultad que entrañaba intentar convencerlo de abandonar su reducto para participar en un Show de televisión. Aun así, decidió intentarlo. Y Trenet sorprendió a propios y extraños, ya que no sólo aceptó venir a cantar una canción, sino que también lo acompañó en una segunda.

Hoy, cuando han pasado más de viente años de aquello, Jairo puede decir con legítimo orgullo que aquel programa de televisión fue el puente para que Charles Trénet volviera a los escenarios, en los que continuó brillando hasta que su voz se apagó para siempre. El día de su muerte, el gobierno francés decretó un jornada de duelo nacional.

Otro grande: Gilbert Becaud (1927-2001) le dedico una canción cuando fue a verle al Olympia. Jairo llevaba poco tiempo en París. Sin embargo, Becaud, al final de su actuación lo presentó a su público, se puso en cuclillas y le dedicó “La ballade des baladins”, después de explicar que la había elegido porque él lo veía como un “baladin” (juglar o caminante).

Cuando ambos recibieron un premio a la popularidad de Radio Montecarlo, el periodista y presentador Yves Mourousi les pidió que cantaran juntos una canción. Le dieron el gusto cantando “Lo importante es la rosa”. Becaud lo hizo en francés y Jairo en español, lo que dió como resultado un perfecto franc-pañol: “L´ important… es la rosa… lo importante… c´est la rose…”

Fue uno de los dos presentadores (el otro fue el actor Peter Ustinov) de la Gala Especial del Moulin Rouge de París celebrando sus noventa años de existencia. Esa noche cantó y compartió el escenario con grandes artistas internacionales, una de ellas era Ginger Rogers, que festejaba casi los mismos años que la sala de Pigalle. Otro, Jerry Lewis, que ingresó en el escenario del más célebre cabaret de la belle époque a la carrera y resbaló de rodillas con la presteza de un bailarín acrobático hasta el borde del proscenio.  La otra gran estrella de aquel espectáculo fue Charles Aznavour.

En una exposición de Mick Mychel conoció a Jean Sablon, el primer crooner de la historia del Music Hall. También el primero en aventurarse por el escenario con un micrófono de mano.

En Francia, las canciones exitosas de Claude François se cuentan por decenas; pero quizá ninguna haya sido tan importante como “Comme d´habitude”, que alcanzó éxito mundial cantada por Frank Sinatra con el título inglés de “May Way”.

Después de haber invitado a Jairo a su Numero Un, le propuso incorporarlo en su gira de verano. Lamentablemente ésta nunca llegó a realizarse, ya que poco tiempo antes del debut, el destino le tendió al rubio cantante una trampa mortal: una descarga eléctrica lo fulminó cuando intentaba cambiar una bombilla de luz desde la bañera.

En esa misma época preparaba una tournée Charles Aznavour, y no se trataba de una gira común, ya que hacía bastante tiempo que Charles Aznavour no se presentaba en los escenarios franceses.

Enterado de la disponibilidad de Jairo debido a la inesperada desaparición de Claude François, su consejero artístico, Levon Sayan, llamó a Roland Ribet para decirle que Aznavour quería integrarlo a la tournée que marcaría su regreso.

Jairo suele decir que si el del espectáculo es un territorio fértil de aprendizaje, asistir noche tras noche a un recital de Aznavour equivale a un master de alto voltaje. Cada gesto, cada mirada tienen en su show un valor atribuido.

Cuando un devastador terremoto sacudió a Armenia, Aznavour encabezó en Francia una cruzada de solidaridad destinada a llevar ayuda y consuelo a la tierra de sus progenitores. Convocados por él, fueron varios los cantantes y actores que lo acompañaron en la grabación de “Por toi Armenie”, canción compuesta por él mismo, que nada más ponerse a la venta recaudó cifras millonarias. “Jairo, gracias en nombre de los huérfanos de Armenia: Charles Aznavour”, escribió en la plaqueta que le envió por su participación en la grabación.

Ya para entonces, la prensa hablaba de Jairo como una revelación:
Jairo: c´est la grande révélation de l´année. En quelques mois ce chanteur-compositeur argentin  a conquis la France [...] il voulait dévenir guitarriste classique mais l´exceptionnelle qualité de sa voix en décida autrement [...] il arriva en 1977 en France. Il passe a l´Olympia et, en octobre 1977 il fait sa premiére apparittion à la télévisión dans un “Numero Un” de Nana Mouskouri. Aussitot aprés qu´il ait chanté, le standart téléphonique est bloqué. Les télespectateurs veulent savoir quand ils pourront de nouveau l´entendre.

Traducción
Jairo: es la gran revelación del año. En solo unos meses este joven cantante – compositor argentino ha conquistado Francia. En realidad él quería ser guitarrista clásico , pero la excepcional calidad de su voz decidió otra cosa. Después de conocer el éxito en América del Sur, llegó a Francia en 1977. Actuó en el Olympia y en octubre de ese año hizo su primera aparición en el “Numero Un” de Nana Mouskouri. Inmediatamente después que él cantara, la central telefónica del canal fue bloqueada por los llamados de los televidentes que querían saber cuando podrían escucharlo nuevamente.

Llegó a Francia en la segunda mitad de la década del ´70, cuando las dictaduras militares campeaban a sus anchas en toda Sudamérica. Mientras duró aquel despropósito con trasfondo genocida, Francia fue uno de los países que con mayor virulencia lo denunció.

La Ligue des Droits de l´Homme y otras ONG presentaron ese mismo año en el Palais des Congrés de París, una Gala internacional en la que Jairo fue invitado a cantar junto a otros artistas entre los que se encontraba la actríz norteamericana Jodie Foster, que llegaba a Europa después de su sorprendente actuación en Taxi Driver, de Martin Scorsese. Hablaron mucho. Se entendieron en francés, idioma que ella domina a la perfección y que el cantante comenzaba a balbucear.

Ese mismo año, Jairo participó en el “Perry Como Christmas Show” que había elegido a  París para la grabación del programa en su versión de 1979.

Después de “Liberté”, Jairo grabó dos discos temáticos: “Les Plus Beaux Noel du Monde”, que reune doce canciones de navidad de distintas procedencias (una de ellas: el “Ave María” de Schuman, se convertiría con el tiempo en una de las piezas claves de mi repertorio) y “Chansons à regarder”, con canciones infantiles de María Elena Walsh, que ella misma tradujo al francés. Tanto el disco navideño como éste ultimo, tuvieron arreglos musicales de Alain Gorraguer. Un dibujo de Mordillo fue la ilustración del trabajo con repertorio infantil.

Jairo conoció a Astor Piazzolla en 1978, en el clásico programa de Mirtha Legrand, para el que ambos viajaron especialmente desde París. Compartieron la mesa con Telma Biral, Claudio Levrino, Graciela Alfano y Diego Armando Maradona (de sólo 17 años). Era la primera vez que intervenía en un programa de esas características, de modo que se sentía intimidado. Por suerte, tuvo en Piazzolla a un aliado inesperado. Fue él quien relató su buen momento en Francia, y lo hizo con lujo de detalles, algo que, teniendo en cuenta su prestigiosa personalidad, abría de ese modo para él un crédito extraordinario de cara al público.

Con Astor Piazzolla quedaron en encontrarse nuevamente en París, donde tenía algunos amigos en común. Especialmente los Pons, José y Jacqueline, que son amigos de todos los artistas argentinos que pasan por la ciudad luz. Y me refiero a todos los artistas; ya que los Pons no hacen distingos: si son artistas y además son argentinos, es suficiente. Generosos, activos, buenos amigos, desprendidos, serviciales y desinteresados: así son LOS PONS.