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1980 a 1990

RTL (Radio Luxemburgo), era la que más difundía los discos de Jairo. Quizá fuera esa la razón por la que Europa 1 (su principal competidora en el dial) lo mantenía en el dique seco. Eso lo perjudicaba en la medida que Europa 1 tenía en su programación el Hit Parade más escuchado de Francia: El Top 50.
    
Fue “Les jardins du ciel”, su disco más vendido en Francia, el que abrió esa puerta que parecía inexpugnable. Entró directamente en el nº 1 y ya había alcanzado ese lugar en RTL, Radio Montecarlo, France Inter, Sud Radio, etc.
    
Otro de los lugares prestigiosos que requirió de los servicios de Jairo fue el Sporting de Montecarlo, en donde cantó un par de temporadas.
     
En 1980 fuí recibió una propuesta sorprendente. Una productora que lo había visto cantar en una transmisión de Mundo Visión, le ofreció filmar una película en Dinamarca, un país del que sólo conocía la delicadísima escultura de La Sirenita, el sorprendente parque del Tiboli y algunos de los más conocidos cuentos de Andersen.
   
“La Balada de Linda” fue el título del film dirigido por Sven Gronlike en el que Jairo tuvo uno de los roles principales.
MILONGA DEL TROVADOR
Corría el año 1981. Diálogo entre Astor Piazzolla y Horacio Ferrer:
    
–Horacio: vos, ¿como lo vés a  Mario?
–Como un juglar; un trovador de este tiempo– respondió el poeta.
–Entonces, ésta que es su canción, es la “Milonga del Trovador– concluyó Piazzolla.
   
Los trabajos junto a Piazzolla y Ferrer significaron un salto cualitativo para Jairo.
DIEGO
El Club Atlético Boca Juniors, con “el pibe” Diego Armando Maradona en sus filas, realizó en esos meses una mini-gira por Europa. En uno de los partidos, enfrentó a un equipo de Paris Saint Germain. Jairo dió el puntapié inicial del partido.
    
Al año siguiente, presentó un especial de television por TF1: “Jairo au Mexique”.
    
Lo acompañaron: Sylvie Vartan y Michel Sardou, a los que se agregó desde España Ana Belén. La televisión local aportó las actuaciones de María de Lourdes y del Ballet de la Universidad de Guadalajara, uno de los de los cuerpos de baile tradicional más prestigiosos y coloridos del país azteca.
   
Se filmó en Mexico DF (Museo de Antropología, Mercado de San Angel y Charros del Pedregal) y en Yucatán (Tulúm y Chichen Itza, uno de los sitios mejor conservados). .
    
Para los argentinos, 1982 quedó grabado a sangre y fuego como el año de la guerra de las Malvinas. El día que estalló la guerra, a raíz de respuesta suya a una pregunta que le hicieran en el programa de televisión Champs Elyssées, el diario Le Parisien publicó un recuadro con una foto titulado “Jairo: Le Malouin” (Jairo: el malvinense).
    
Desde su lecho de muerte, un soldado le envió a Jairo un rosario: “Así tendré la oprtunidad de viajar con vos a todas partes” decía el mensaje que lo acompañaba.
   
En medio de un clima enrarecido, presentó en el teatro Bobino un espectáculo que contaba con la participación de músicos y bailarines argentinos.
    
El Bobino, uno de los teatros más tradicionales del Music Hall parisino, cuyo “novio eterno” fue Georges Brassens; el hombre al que con mayor frecuencia asocian sus compatriotas a la amistad y a la felicidad. Dos años antes de las presentaciones de Jairo en el Bobino, Brassens había asistido, junto a la actríz italiana Sofía Loren, al estreno de uno de sus espectáculos en el Olympia.
    
En 1983, Jairo comenzó su colaboración con Jacqueline Levasseur. Fue un tiempo de trabajo en un clima cargado de afecto y de coincidencias. A sus dotes de bussines-woman ella le agregaba un refinado gusto por la escritura. Su amistad con Maurice Fanon y Pia Colombo la habían confirmado en su compromiso con las canciones de autor. Compusieron juntos muchas canciones y ella fue la productora  de varios de los trabajos del cantante (discos, espectáculos, video-clips, etc.)
    
Una rareza: el primer trabajo que realizado por Jairo junto a Jacqueline, fue un concierto en un marco insólito: Le Musée Grevin (Museo de Cera de París).
    
Un escenario no demasiado alejado del cine negro de Claude Chabrol, que propuso a Jairo cantar el tema principal de su película “Les fantomes du chapelier”. El cineasta asistió a las sesiones de grabación en el Estudio 92, y al final, sin sacarse la pipa de la boca, dijo:
    
–C´est ça… c´est tout à fait ça.
    
Y a continuación se guardó el tape en un bolsillo del impermeable, saludó, salió a la calle, se subió a un taxi y desapareció por una callecita de Saint Cloud.

En 1983, Jairo viajó a la Argentina y participó del cierre de campaña de Raúl Alfonsín en la Capital Federal, acto que reunió a más de un millón de personas.
¿Que se canta en un acto de esa naturaleza?  Desde el apartamento de Luis González en Lomas de Zamora, llamó por teléfono a María Elena Waslh, quien lo alentó a buscar algún tema que marcara el carácter especial del momento.
  
Por asociación de ideas, nada más colgar el teléfono, Jairo recordó la versión en castellano de “Venceremos” (“We shall overcome”) que la gran poeta-cantante había escrito y cantado. Inmediatamente volvió a llamarla, y cuál no sería su sorpresa cuando al levantar el tubo del otro lado de la línea, sin mediar palabra, ella le dijo:
    
–¡“Venceremos”!
     
En 1984, Jairo estrenó la canción “Le diable”, compuesta para él por Piazzolla y Ferrer. Con la version francesa de Jacqueline Levasseur, presentó un disco y un Cine-Clip dirigido por Jean Paul Bourdeaducq en las principales salas de cine de Francia, y culminó con un espectáculo en el Olympia durante dos semanas. En ese espectáculo incluyó un segmento de música folclórica argentina en la que hizo su debut un guitarrista de 18 años que acababa de llegar a París de la mano de su tío Raúl Mercado: Leonardo Sánchez, uno de los músicos más talentosos con los que ha tenido la oportunidad de trabajar.
    
El espectáculo del Olympia tuvo mucha repercusión y las críticas fueron generosas. La de France Soir decía:
JAIRO: Un bond en avant
    
Une soirée comme on n´en avait pas vue depuis long-temps. Une de ces soirée-choc, comme cette fois ou l´on vit naitre Brel à Bobino… De l´Olympia, boite à surprises, a surgi le Diable avec une tete d´ange; Jairo.
On le connais. Il a déja  une pile de disques d´or, mais cette fois il bondit vers le zenith: ça y est, il est une star, sur cette meme scéne que le révéla, modeste sur son tabouret,artiste jusqu´au bout des  ongles et déja avec une voix d´or. La voix d´or est toujors  là, plus riche encore de  nuances. Il en fait ce qu´il veut de cette voix superbe. Elle est du tonnerre pour chanter -Le Diable-, elle coule de source pour – Les jardins du ciel -. Dans notre monde saturé des refrains, Jairo ne débite pas à la chaine: il ciséle chaquechansoncomme un objét unique. Cet artisan, humble et incomparable n´avait pas eclaté. Le soir de sa premiére, il à laissé la salle émervéillée, le rappelant sans cesse comme aux plus grands triomphes: salle chaleureuse qui à tout connu mais qui est capable aussi de trancher.
Du pays tango
Jairo, en trois costumes,  a decouvert tout son poten tiel de talent: en  noire c´etaient les chan sons déja connues. Si cet  Argentin est à Paris (-Je suis  du pays tango-) c´est  parce qu´il estamoureaux de la langue française. En poncho, suivi de musiciens magnifiques avec leurs instruments typiques, il redeviens le gars de Buenos Aires avec des melodies qui font voyager et des rythmes fous sur lequels brusquement -quelle découverte- Jairo  danse fougueusement nous coupe le soufle. En  blouson noir il acheve son tour en force avec Liberté, le boulversant poème d´Eluard qu´il à mis en musique et que le public lui reclame.

Traducción:
JAIRO: Un salto hacia adelante
Una noche como hacía mucho tiempo no veíamos. Una de esas noches-choc, como aquella vez que vimos nacer a Brel en el Bobino… del Olympia, caja de sorpresas, surgió el Diablo con una cabeza de ángel: Jairo.
Ya lo conocíamos. Tiene una pila de discos de oro; pero esta vez saltó hacia el zenith: ya es cosa hecha: es una estrella. En el mismo escenario que lo reveló, modesto en su taburete de guitarrista, artista hasta la punta de las uñas y, ya entonces, con una voz de oro.
La voz de oro sigue allí, aún más rica en matices. Hace lo que quiere con esa voz superior. Es un trueno para cantar “Le Diable”,  o emana de un manantial para “Les jardins du ciel”. En nuestro mundo saturado de refranes Jairo no adhiere a esa cadena y cinsela cada canción como un objeto único. Este artesano humilde e incomparable no había explotado. El día de su estreno dejó a toda la sala maravillada, reclamándolo una y otra vez como en los grandes triunfos. Una sala (el Olympia) que ha visto todo pero aún es capáz de decidir.
Del país tango
Jairo, que cambió tres veces de traje ha descubierto el potencial de su talento. De negro para las canciones más conocidas. Si este argentino está en París (si soy del pais tango) es porque está enamorado de la lengua francesa. Con poncho, seguido por músicos magníficos con sus instrumentos típicos, vueleve a ser el muchacho de Buenos Aires con melodías que hacen viajar y ritmos locos sobre los que bruscamente – que descubrimiento- Jairo baila fogosamente y nos deja mudos. Con campera de cuero  termina su recital muy fuerte cantando Liberté, el conmovedor poema de Eluard que él mismo musicalizó y que el público le reclama.
    
La grabación de “El diablo” marcó el comienzo de su colaboración con el productor-arreglador-músico-ingeniero de sonido Bernard Estardy.
    
La virulencia de la Guerra civil en Nicaragua llevó a Jairo a presentar un disco y un video con imágenes originales obtenidas en el terreno mismo de la confrontación; contó con el patrocinio de Maitre Jouffa y la Ligue des Droits de l´Homme, y de César Arias, el entonces Presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz. La idea nació la noche que Silvio Rodríguez lo invitó a cantar con él y con Juan Carlos Baglietto su canción “Nicaragua” en el Luna Park de Buenos Aires.
     
A la presentación en la Maison de L´Amerique Latine le siguió un debate al que asistieron, entre otros, Jean Guidoni, con quien había llegado a un acuerdo para que se hiciera cargo de la puesta en escena del espectáculo que presentaría en el Bataclán, la sala más antigua de París. En la Argentina, la palabra “bataclán” tiene connotaciones particulares. Fue una troupe de mujeres del Bataclán la que desembarcó en Buenos Aires en los años ´20 armando un gran alboroto con trasfondo de Cán Cán.
    
El eje Buenos Aires-París se ha mantenido vigente a lo largo de los años a través del arte en general y del tango en particular. Jairo intentó reflejar esa relación Tango-París, París-Tango, en un programa que presentó por TF1, al que llamó “Station Argentine”. Las valiosas presencias de Osvaldo Pugliese y su orquesta (aprovechando su presentaciones, justamente en el Bataclán); Astor Piazzolla; Rodolfo Mederos; Juan José Mosalini y el guitarrista clásico Roberto Aussel, enaltecieron el espacio.
    
Con Pugliese, y en dúo con Abel Córdoba, cantó “La canción de Buenos Aires” (Azucena Maizani) y con Piazzolla la “Milonga del trovador”, en una secuencia filmada al calor de la chimenea del atelier de Antonio Seguí
    
Guidoni imaginó al Bataclán como un cabaret berlinés. El día del debut estuvieron presentes (cada uno fue por su lado) Astor Piazzolla y Atahualpa Yupanqui. Ambos estaban representados también en el repertorio del show: Yupanqui con “La Pobrecita” y  Piazzolla con “Gotango”.
    
E espectáculo tenía la dirección musical de Dominique Sucetti y contaba en su formación orquestal con el guitarrista Sylvain Luc; debía permanecer dos semanas en cartelera, pero el éxito obligó a agregar dos semanas y media más. En esta ocasión, la crítica también fue favorable:
“… Ya lo presentíamos desde su última temporada en el Olympia. Ahora, después de ver su nuevo espectáculo en el Bataclán, estamos seguros: Jairo es un grande. De esos capaces de mezclar los géneros sin violar jamás un clima [...] Su arte tiene una constancia y una fuerza inconmensurables”. Monique Prévost (Extaido de su crítica en “France Soir”, París)
    
Malambo editó en Francia una grabación en vivo del espectáculo: “Jairo Live Bataclán”.