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Sus Comienzos

Ese año, APTRA distinguió al Canal 12 de Córdoba con un Martín Fierro especial, una delegación viajó a Buenos Aires a recibirlo. Trotta no solo logró que lo incluyeran en ella, sino que hasta se las arregló para que cantara un par de canciones en la ceremonia. Su esfuerzo valió la pena, ya que le ofrecieron un año de contrato en exclusivo con el Canal 13 porteño.

La noticia conmocionó a la familia. A sus padres se les hizo difícil tomar una decisión; les era indiferente que cantara o no y para una familia provinciana Buenos Aires representaba, en cierto modo, un remolino de fatalidades.

Al llegar a Retiro, le impresionó el bullicio de los andenes. Instalado en un húmedo altillo del Pasaje Convención, iniciaba otra etapa. Convención quiere decir conformidad y conveniencia, pero también rima con preocupación.

Aun bajo los efectos de la impresión que Buenos  Aires impone a los advenedizos, debutó en el canal 13 en un programa tallado a medida para la juventud de clase media: “Escala Musical”, cuyo eje de rotación estaba en los ciclos de radio y TV, pero su centro neurálgico eran los bailes multitudinarios. Al mismo tiempo graba su primer disco con dos canciones propias: “El laberinto” y “Todo es posible en la vida”.

Sandro (acompañado por Los de Fuego), Los Shaker´s y Los Gatos entre otros, también debutaron ese año en la Escala Musical. La producción acostumbraba traer artistas internacionales que presentaba en exclusiva, ese año, los novatos pudieron compartir espacio con visitas de renombre, como Neil Sedaka ((“Oh Caroll”), Chubby Checker (“The Twist”), El Dúo Dinámico (“Resistiré”); Edoardo Vianello (“Il sorpasso”) y Rita Pavone (“Mio cuore”). La explosiva pelirroja italiana se presentó en el Teatro Opera y Marito participó en la primera parte del espectáculo. Fue su debut en un gran escenario porteño.
     
La infraestructura del Canal 13 incluía su orquesta estable y un estudio de grabación en donde conoció, entre otros músicos, a Armando Patrono, Mario Cosentino y Pichi Mazzei. Meses más tarde le presentaron a otro gran músico: Angel “Pocho” Gatti, que había regresado de Italia con un aura de triunfador y con quien grabó un par de discos para Music Hall.
Cacho Fontana o Antonio Carrizo eran animadores de los ciclos de Radio El Mundo, Belgrano y Splendid en los que se presentó.  
     
Al término del contrato con el Canal 13, se integró a los “Sábados Continuados” de Antonio Carrizo, que era la respuesta del Canal 9 de Alejandro Romay al célebre “Sábados Circulares” que presentaba Nicolás Mancera en el Canal 13 de Goar Mestre. A veces la TV exagera su pereza y se limita a repetir fórmulas exitosas.
     
Simultáneamente, se inscribió en los cursos de ilustración de la Escuela Panamericana de Arte. Pero lo más importante que le ocurrió ese año fue el descubrimiento de la técnica vocal de la mano de Alexia de Prat Gay. 
     
En su primer regreso a Cruz del Eje, lo recibieron como un héroe. Pero a pesar del entusiasmo de sus coterráneos, en Buenos Aires no lograba avanzar más allá de los elogios que despertaba su condición de cantante adolescente. Las cosas se agravaron cuando se produjo el desembarco en el canal 9 de los miembros del“Club del Clan”. Ya no tenía la sensación de estar viviendo algo extraordinario.
     
León Elkin, un médico pequeño y locuáz que velaba en aquellos años por la laringe de los artistas, declaró en un diario porteño que sus cuerdas vocales eran “fuertes como las piernas de un futbolista”.
     
Habían pasado ya tres años en Buenos Aires y sentía que, a pesar de un auspicioso debut, comenzaba a declinar su entusiasmo. Después de pasar por el Canal 9, su permanencia en el medio pasó a ser una eventualidad llena de incertidumbres. El progreso vocal es ostensible, pero su actividad se reduce a esporádicas apariciones en programas secundarios de la televisión y a giras sin importancia. Ante esa situación, el dibujo fue tomando poco a poco el relevo como actividad principal. Trabajaba free-lance en su casa y, paradójicamente, diseñaba portadas de discos para las mismas compañías que le negaban la posibilidad de cantar. Estaba enfermo de descreimiento y además añoraba Córdoba. Ignoraba que en el mundo del espectáculo es posible morir y renacer varias veces; como la cigarra en la canción de María Elena Walsh.   
     
Un día, a la salida de clases, uno de sus compañeros del segundo año, Luis González, lo abordó en la calle:
–Disculpáme, hace tiempo que quería preguntarte ¿vos sos Marito González, el cantante?
     
A partir de aquel día comenzaron a escribir canciones, lo que significó para él una manera perspicaz de renovar su entusiasmo.
     
La oportunidad se presentaría de la mano de Luis Aguilé, quien en uno de sus frecuentes viajes a Argentina y gracias a su amistad con Luis González accedió a escucharlo.
     
Luis me dijo que si bien le gustaban, pensaba que las canciones no eran para su estilo.  –Pero– continuó Aguilé adoptando una actitud tranquilizadora –pienso que eres tú quien debe cantar estas canciones. En ese caso, llegado el momento, yo podría ayudarte.
     
Y ahí mismo, en presencia de los ejecutivos de la CBS, lanzó sobre la mesa una jugada a dos bandas:

–O bien viajas a España en los próximos meses para grabar en mi sello independiente (“Showman”) o, en su defecto, comprometo a CBS  (hoy Sony) para que te produzca un disco aquí en la Argentina.
–No necesito pensarlo ni un minuto–  dijo él –me voy a España. 
     
La intención manifiesta de Luis Aguilé de abrir las puertas de su productora independiente a otros cantantes, fue muy importante para que su decisión de llevarlo a España se cristalizara casi inmediatamente.
     
La nueva situación lo obligó a replantearse algunas cosas. El dibujo, a pesar de sus buenos augurios, quedaba relegado hasta nueva orden. Y eso era aplicable también a la gente y a las cosas que lo rodeaban. Se produjo una profunda división entre el antes y el después.
     
El día de su viaje a Madrid recibió desde Cruz del Eje un escueto telegrama de sus padres:  “Contigo-stop-va-stop-nuestro-stop-corazón”.
    
Antes de lo que hubiera podido imaginar,  se le presentaba una nueva oportunidad para andar la senda más obsesivamente amada: el canto.